En Varsovia llueve. Hace viento. El cielo se ha vuelto gris, gris, GRIS.
Hoy, como todos los jueves, tenía clase en una escuela superior privada con la que colaboro desde hace un año. Se llama SWPS, o sea: Escuela Superior de Psicología Social. Pero no se limita solo a la psicología: en el año pasado inauguraron allí el departamento de Filología Hispánica. Ya que su jefa fue entonces la tutora de mi tesis doctoral, me propuso el curso de Historia de España. Lo acepté e imparto este ciclo de conferencias por la segunda vez ahora.
Hoy les hablaba a los estudiantes de la España musulmán. Como siempre, con una presentación hecha en Power Point y con una botella de agua para aliviar la garganta. Al terminar la clase, salí al pasillo; me detuve un segundo para ponerme el abrigo.
–Buenas tardes –me saludó una chica.
–Buenas tardes –le respondí amablemente, convencida de que puede tratarse de una estudiante mía del año anterior. Pero la chica seguía a mi lado.
–¿Sabe Usted? –continuaba; en Polonia no hay costumbre de tutearse entre estudiantes y profesores– …Antes estudiaba en el Instituto de Estudios Ibéricos y acudía a sus clases…
–¿Sí? –El Instituto es mi lugar principal de trabajo. No me acordaba de ella.
–Sí; lo tuve que abandonar, porque decidí estudiar psicología, pero hubiera podido seguir allí ¡solo para venir a sus clases!
Su sonrisa alumbró el pasillo y mi alma

10.11.07 @ 14:31