Inauguro mi blog… pero más bien reanudo el diálogo con vosotros, cortado por mi salida de Madrid ![]()
¿Qué ha pasado desde entonces?
Justo después de la vuelta he hecho las paces con mi hermanito Jacek. Vivían felices, comían perdices… O, mejor dicho, lasaña: Jacek y su mujer Aga nos han invitado hoy a comer en su cocina nueva, recién estrenada después de largos meses de obras. Imaginaos que lograron conservar una vieja estufa de cerámica, que –sin servicio desde hace años– desempeña con orgullo funciones decorativas…
También he vuelto al trabajo. Tengo unos doscientos estudiantes de los cursos primero y segundo, divididos en doce grupos, y ¡no consigo memorizar mi horario!… Las clases para el segundo curso las doy como interina; por la primera vez me ocupo más detenidamente del siglo XIX en la Historia de España. Preparando las clases y los materiales, aprendo mucho. Siempre lo decía: ¡enseñar a los demás es la mejor manera de aprender, el mejor estímulo!
Y una cosa más: por fin tengo muchísimo tiempo para leer… O sea, para leer lo que quiero, y no lo que tengo que leer. Ha llegado el momento cuando nadie me obliga a nada. Tengo en lectura por lo menos cinco libros a la vez:
- Por la tarde leo la historia más reciente de Polonia.
- En el tranvía, yendo al trabajo, leo sobre la historia de la convivencia de los hombres con los microbios (¡sic!). La biología, la medicina son cosas que me han fascinado desde siempre.
- Cuando estoy muy cansada, me entretengo con el libro sobre un programa satírico muy popular que emite una cadena de televisión informativa. Se trata de una sátira política muy inteligente realizada por unos periodistas estupendos; la cosa se hizo tan famosa que decidieron describir este fenómeno…
Pero, antes que nada, puedo leer sobre Madrid. Sin prisas y por fin, por fin sin remordimientos de tipo: “¡Debería hacer otras cosas!…” Pero no hay otras cosas, léase: mi doctorado ya es un pasado y lo que hago es precisamente lo que debo hacer. Qué alivio. Jeje. Últimamente he leído sobre el Madrid de los principios del siglo XX –lo necesito para un artículo que voy a escribir– y ¡cuál fue mi alegría cuando me di cuenta que la historia de esa época es, en muchos casos, la de Ríos Rosas y los alrededores de Cuatro Caminos en general!
Ya ha llegado otoño a Varsovia. Hace bastante frío y llueve. Incluso cuando no llueve, el cielo está cubierto. Me falta el sol. Me falta el sol de los atardeceres madrileños, pero es otro cantar… Y ésta es la vista desde mi ventana:

http://www.elrastro.org
28.10.07 @ 21:10